Tata |
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BraguitasMi compañero de piso quiere vender mis braguitas por internet. "Así nos subiremos en el yen", dice. Hace mucho tiempo que no venía por aquí. Tantas cosas han cambiado que yo misma no sé todavía por dónde tengo que ir. Independencia. Trabajo. Ahorrar. Convivir. Hacer el amor. Sudar. Llorar. Beber. Salir. Reír muuuuucho. Compartir. Abrazar. DESCUBRIR. Así estoy, descubriéndolo todo. No dueleLa sinceridad no duele. En principio. En el fondo piensas que mejor decir las cosas tal y como las pensamos. Y no sólo en el fondo, sino que al final tú acabas siendo el que sigues la estela de "esa persona" que ha empezado siendo sincero. Al principio temes a ella. Rehusas mostrarla tal y como es. Porque, a fín de cuentas, la sinceridad es Ella. La tienes guardada al fondo del tu cajón, pero hay tanto polvo por enmedio que, como cuando nos quitamos los zapatos, nos da verguenza mostrar los dedos de los piés. Pero al final están allí. Y no sólo tus dedos, sino los de los demás: con polvo incluido. Hoy la sinceridad me ha matado un trocito de mi inocente vida. Pero ha llenado un gran islote de mi "nueva vida". Hoy la sinceridad me ha incomodado y me ha acomodado. Hoy la sinceridad ha sido mi mejor enemigo y mi peor aliado. Hoy la sinceridad ha sido él. Me alegro, desde mi más profundo cajón, de que sea sincero. Y de que espere, por casi obligación, que yo lo sea con él. Y, sobretodo, con ella. La sinceridad. Cuesta desprenderse de la inocencia y dar el paso a la madurez. La comodidad de la niña mimada es fácil, la ajetreada vida de la mujer trabajadora es complicada. Pero... llena mil veces más. Hoy voy a ver la sinceridad como una aliada. No quiero tomarmela a mal. La sinceridad, quiero creer y quién no lo haga que se aleje de mí, no duele. A partir de ahora la sinceridad no me va a doler. (Cómo cuesta que no duela la sinceridad... pero estoy segura de que cuando sea mi vendaje será la mejor cura del mundo. Estoy contenta. Aunque no lo parezca. Lo estoy.) Una historia en carnaval![]() Os voy a explicar una bella historia que corre por la ciudad... Un día cualquiera: En Barcelona una chica quería ser Cleopatra. Y por una noche se convirtió en ella. Junto a sus más fieles amigas bailó y bailó, bebió y bebió... y conoció a un hombre vestido de mujer. Los flirteos fueron constantes y una pequeña chispa avisaba de su brillo a lo lejos. Intercambiaron sus teléfonos y siguieron bailando. Después de una intensa noche de disfraces y cambios de personalidad egipcianos, Clepatra volvió a su pirámide. Durante el viaje de vuelta una lucecita azul se encendió en su movil: era él, y quería volver a verla. Así que la reina de todos los reinos decidió darse la oportunidad de disfrutar de una primavera que amenazaba con una gran revolución hormonal. Otro día cualquiera: Tomaron dos mojitos cada uno e intercambiaron palabras, historias, cuentos, sentimientos, miedos, chistes, guiños, risas, chistes verdes... De pronto, sin que ninguno de los dos se diese cuenta, estaban sentados ante un plato de pasta y una tímida vela. Siguieron hablando de viajes, de libros, de momentos graciosos, de pifias, de lugares comunes... Y otra vez, como si de un ascensor se tratase, se abrió la antigua y raída puerta de un bar: dos Martinis, y más detalles, más curiosidades, más risas y más chistes.
Bonita historia ¿verdad? Letargos físicosEn épocas de exámenes o en situaciones de estrés extremo (muerte de alguien cercano, esperas ansiosas de una notícia...) nuestro cuerpo se convierte en un mero títere. Estamos tan concentrados que hasta nos olvidamos de nuestra parte física, un elemento que se llega a convertir en un lastre. Estoy de exámenes. Y, además, tengo que entregar dos trabajos costosos y extensos. Me paso horas (y digo horas porque pueden llegar a ser 6 horas) delante del ordenador. Buscando información, rehaciendo párrafos, resumiendo informes... no paro. Pero llega un momento en que de pronto algo me despierta de mi concentración, algo que me hace daño, una sensación molesta: el hambre. Sí. Sí. De pronto siento el estómago como se retuerce y me como si de una pluma cayéndose se tratase vuelvo a la "realidad" y me arrastro hasta la cocina. Pero sólo engullo algo rápido y que me pueda dejar en paz durante unas 6 horas más. ¿Triste? REAL. Así funciona esto. Cuanto menos tiempo tardes en poner a punto tu cuerpo para soportar horas de letargo físico mejor que mejor. ¿Y ahora qué me pasa? ¡Me cuesta respirar! ¿¡Qué me ocurre!?... ¡Ah! Tengo sed... rápido, un vaso de agua, y a seguir con el estrujamiento mental.
Hoy mi abuelaHoy mi abuela me ha dicho que le encantaba Fraga. Tambien me ha dicho que encuentra que es un hombre muy inteligente y transparente. Hoy mi abuela ha subido al puesto número 1 de mi lista negra. Hoy mi abuela... Paradojas de la ley anti-tabaco 8:30 pm. Calle Tallers de Barcelona.
Tuerzo a la izquierda y paso por delante de un estanco. Se acerca la hora de cerrar y las persianas están medio bajadas. Sale el dueño y, con algo de dolor por el artrosis, se estira para bajar la protección de su pequeño establecimiento. Me fijo en la puerta acristalada y veo un cartel: “PROHIBIDO FUMAR. ESPACIO LIBRE DE HUMO”. Miro hacia mi camino y no puedo reprimir fruncir el entrecejo. Vuelvo la vista al estanco y un enorme y obvio cartel con un cigarrillo humeante tachado en rojo preside la entrada de la casa del tabaco y sus accesorios. Sigo subiendo la calle y me sorprendo: un estanco en el que está permitido fumar. Con la nueva ley anti-tabaco ya no sé si está prohibido fumar en las tiendas; o puede que eso sólo dependa de su amo; o, incluso, puede que sí esté permitido fumar en los estancos, en todo caso, pero ese dueño ha preferido unirse a su comunidad y ha acabado colgando el fresco y clarificador anuncio. Un estanco en el que no se puede fumar, ¿no parece algo contradictorio, o digno de la paradoja más incomprensible? Pues no. Pueden ser las tres cosas, pero el hecho de que sea un estanco no comporta a que se pueda fumar en su interior. ¿Será el dueño “antitabaquista?” Ahora que lo recuerdo, hace un año entré en ese sitio a comprar papel de liar. Detrás de mí esperaba un chico, de unos 25 años. En el momento en que guardaba el cambio de mi compra, el hombre atiende al joven:- Què tal? - Molt bé, com va tot per aquí? – responde el chico- Doncs bé. Fa molt de temps que no veig a la teva mare, com li va? – dice el anciano dueño mientras apoya sus codos sobre el mostrador. - Porta unes setmanes a l’hospital. L’han operat d’un problema als bronquis – y lo dice llevándose la mano al pecho, en un intento de indicarle al amo del estanco dónde se sitúan los bronquios.- I ara!, què dius? – el dueño se sorprende ampliamente, abre los ojos y avanza un poco la cabeza. - El tabac Paco... esperem que per fí ho deixi – el chico baja la cabeza y busca unas monedas en su mano.- Si noi, això és dolent – dice Paco girándose, aún con los ojos abiertos de par en par, para coger de unos diminutos estantes un paquete de alguna marca. - Possa’m un altre – el chico vuelve a buscar dinero pero esta vez en el bolsillo del pantalón.No han mediado ninguna palabra sobre la marca del tabaco, nada sobre qué es lo que desea el joven. Nada. Y, aún así, Paco le pone sobre el mostrador lo que quería. Me acuerdo que me quedé un par de segundos escuchando esa conversación. Después, cuando salí a la calle, no pude dejar de pensar en ella: la madre del chico está enferma por el tabaco, hablan de lo nocivo que es y el chico le pide dos paquetes de cigarrillos sin tener que indicarle al amo qué marca desea. Parece que el joven va a menudo y el dueño ya sabe lo quiere. O puede que siempre haya sido el que iba a comprar tabaco a su madre y, en un acto de automatismo, podría decir instinto, Paco le haya puesto sobre la mesa aquella marca que siempre fuma su madre. No puede ser esto. Sería demasiado trágico. Y ahora, un año después, Paco, el del estanco, prohíbe fumar en su local. ¿Tendrá algo que ver? Lo cierto, y todo hay que decirlo, es que es algo atípico que se prohíba fumar en un estanco. ¿Se prohíbe vestirse en una tienda de ropa? ¿No está permitido comer o catar comida en un supermercado? ¿Está prohibido probarse un zapato en una zapatería? ¿No se permite encender una bombilla en una ferretería? ¿Acaso es ilícito probar una pluma en una papelería? ¡Qué complejamente cósmica que es esta nueva ley!
Bus+metro:tramviaUn monstruo blanco y verde se desliza por el sintético y congelado césped. Parece suave y sus redondas curvas invitan a pasar la mano por encima de él. Ni se inmuta. Sigo acariciándolo. Me devuelve el dulce gesto con un guiño resplandeciente: tiene los ojos negros y creo ver unas inquietantes pero relajantes lucecitas verdes. Es dulce y a veces suspira. Se mueve lentamente, aprovechando cada centímetro, no quiere despertas a nadie ni molestar a los demás dragones. Una niña lo saluda. Él sonríe. Yo también. Me gusta. Es lo que me quedaComo en un cumpleaños se felicitan a los homenajeados o como en un aniversario se desean felicidades... os deseo Feliz Navidad. CobardíaSegún la Real Academia de la lengua, la cobardía es aquel sentimiento que se sustenta en la falta de ánimo y valor. Valor... eso es lo que falta hoy en día. Las personas necesitan fuerza interior para comunicarse y dejarse de tantos prejuicios o miedos sentimentales. Si llegasemos a decir las cosas tal y como son muchos problemas serían tan ínfimos que no tendríamos pudor a expresar lo que pensamos. Dejémonos de tanta cobardía y digamos las cosas como son: naturales, que fluya. Estoy harta de los cobardes. No quiero más indecisos. No me interesan los que dudan, y si lo hacen que lo digan a la cara: que me lo diga él. Cobarde. |
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